La historia en las monedas
Estados Unidos se quedó con la mitad de México: Para acuñar sus propias monedas
Por Emonedin
¡Hola mis amigos de emonedin! Como ustedes saben yo me intereso en todo tipo de monedas y viajo en busca de ellas… y en esta ocasión nos iremos al país de las barras y las estrellas, al país del ratón más conocido del planeta y además de las grandes compañías de cine y, si mis amigos, nos iremos a los Estados Unidos, pero, esta vez hablaremos de un robo que dicho país tuvo que realizar contra méxico porque le faltaba oro y plata para acuñar sus propias monedas y poder independizarse de la corona inglesa, la historia es muy lamentable que incluso los libros de texto de la unión americana omiten esta parte de su historia por vergüenza.
Hay robos que se disfrazan de tratados, y luego están los que se disfrazan de destino manifiesto. La historia que aquí les traigo no es solo la del despojo territorial más vergonzoso del siglo XIX americano, sino la de un país que, literalmente, no tenía con qué pagar sus propias monedas. Y para colmo de la ironía, los mismos territorios robados resultaron ser la solución milagrosa a su bancarrota monetaria.
Empecemos por las fechas, porque en este cuento los días cuentan más que los años. El Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en febrero de 1848, fue la sentencia de muerte para la soberanía mexicana sobre California . México, derrotado y humillado después de una guerra que nunca debió pelear (y que Estados Unidos inició con el entusiasmo de quien sabe que está comprando un boleto de lotería), cedió casi la mitad de su territorio nacional. La cantidad exacta: 1.36 millones de kilómetros cuadrados, un territorio que incluía lo que hoy son California, Nevada, Utah, Arizona y partes de Colorado y Nuevo México .
El precio oficial: 15 millones de dólares. Menos de lo que hoy cuesta una mansión en Beverly Hills.
Pero aquí viene lo jugoso. Nueve días antes de que los diplomáticos estamparan sus firmas en el tratado, un tal James Marshall encontró chispitas de oro en el río Americano, en las estribaciones de Sierra Nevada . Nueve días. Si los señores de la guerra hubieran tardado un par de semanas más en negociar, California habría seguido siendo mexicana... y México habría tenido en sus manos la veta de oro más grande del siglo XIX.
¿Y qué habría significado eso? Según el historiador Paul Gillingham, "dentro de dos años, la producción de oro de San Francisco habría pagado toda la deuda nacional mexicana" . En otras palabras, México habría tenido el capital que necesitaba para industrializarse, para construir bancos nacionales, para convertirse en una potencia regional. En lugar de eso, perdió "no solo lo que ya había allí, sino lo que estaría allí" . Perdió su futuro.
Pero vayamos al meollo del asunto, al detalle que los libros de texto norteamericanos omiten con esmero: ¿por qué tanta prisa por robar territorio? Porque la joven nación estadounidense estaba en bancarrota metálica.
Miren estas fechas, que son el esqueleto de nuestra columna:
1792: El Congreso aprueba la Ley de la Moneda (Coinage Act), estableciendo la primera Casa de Moneda nacional en Filadelfia . Suena bonito, pero hay un problema: la ley especifica que los depositantes —bancos o individuos— deben proveer la plata y el oro para acuñar monedas . El gobierno no tenía metales propios.
1793: La Casa de Moneda entrega sus primeras monedas en circulación: 11,178 centavos de cobre . Nada de plata, nada de oro. Puro cobre.
1794: Comienza la producción de monedas de plata . ¿Y el oro?
1795: Finalmente se acuñan las primeras monedas de oro: las "águilas" de $10, las "media águilas" de $5 . Pero el oro no era norteamericano. Venía de depósitos privados, de monedas extranjeras, de cualquier parte menos del suelo patrio.
Estados Unidos no tenía oro ni plata propios. Dependía de que los ciudadanos llevaran sus monedas españolas, sus doblones franceses, sus chelines ingleses para fundirlos y convertirlos en "moneda nacional" . Era como si hoy el Banco de México dependiera de que los ciudadanos donaran sus dólares para fabricar pesos.
La situación era tan desesperada que entre 1796 y 1837, la Casa de Moneda importaba cobre de Cornualles y Gales . Sí, leyeron bien: Estados Unidos, la nación que se jactaba de su autosuficiencia, compraba el metal para sus centavos a la misma Gran Bretaña de la que se había independizado dos décadas antes. Y entonces, como por arte de magia, aparece California.
El Tratado de Guadalupe Hidalgo se firmó en febrero de 1848. Para finales de ese año, ya se sabía que California era una olla de presión de oro . En 1849, comenzó la fiebre del oro. Y para 1854, Estados Unidos ya había abierto una Casa de Moneda en San Francisco para procesar el botín . Entre julio y diciembre de ese único año, la casa de San Francisco produjo más de 4 millones de dólares en monedas de oro .
¿Casualidad? Por supuesto que no.
El historiador mexicano José María Luis Mora lo dijo en su momento: "La guerra contra México no fue más que una especulación de la Unión Americana para apoderarse de territorios cuyo valor ignoraba, pero cuya posesión ambicionaba". Lo que Mora no pudo prever es que el valor era mucho mayor de lo que cualquier especulador imaginaba.
Hay quienes argumentan que el Tratado de Guadalupe Hidalgo fue simplemente el resultado de una guerra perdida. Que México firmó porque "no tenía capacidad para seguir peleando" . Que Estados Unidos se quedó con el territorio porque lo conquistó. Que el oro apareció después, y que nadie pudo preverlo.
Todo eso es cierto. Pero también es cierto que el negociador estadounidense, Nicholas Trist, firmó el tratado "consumido por la culpa" por lo que estaba haciendo, e incluso intentó sabotear el acuerdo para que México conservara más territorio . Si hasta los verdugos sintieron vergüenza, ¿por qué nosotros habríamos de tragar el cuento de la "cesión pacífica"?
El robo fue perfecto porque fue involuntariamente profético. Nadie sabía del oro cuando se firmó el tratado, pero todo el sistema monetario estadounidense dependía de encontrar ese oro o algo parecido. Sin los metales preciosos mexicanos, las monedas de 1795 habrían sido las primeras y las últimas. No habría habido fiebre del oro en 1849 porque no habría habido California que buscar. El "destino manifiesto" era, en el fondo, una necesidad manifiesta: la de un país que no podía fabricar su propio cambio.
Hoy, cuando vemos a Estados Unidos presumir su poderío económico, conviene recordar que ese poderío se construyó sobre montañas de oro mexicano. Y conviene recordar también que, según el propio historiador Gillingham, México perdió ese día "no solo territorio, sino su identidad nacional, y la pérdida de un futuro posible" .
Un futuro que, nueve días antes de la firma, aún era suyo.
Bueno mi querido amigo y/o amante de la numismática, me gustaría recibir tus comentarios por lo que te dejo mi correo electrónico.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
Emonedin
Es Ingeniero Químico egresado de la BUAP. Comenzó como Ingeniero de Calidad y Validación trabajando para Pfizer-Capsugel en el estado de Puebla para después emigrar a Canadá en donde trabaja como especialista en alimentación desde hace ya 20 años. Actualmente estudia en la UPAEP la carrera de Filosofía y escribe para Ajedrez Político SLP.