El Alfil Negro
ENTRE EL MISTICISMO Y EL COMERCIO

Por Ramón Ortiz Aguirre
Dijo una voz popular.
¿Quién me resta una escalera para subir al madero,
para quitarle los clavos a Jesús, el Nazareno?
Joan Manuel Serrat
Como estamos en Cuaresma, en todo sitio, desde las redes sociales hasta las diferentes frecuencias radiales, ya se repiten con insistencia los mensajes publicitarios para participar en los eventos turísticos que se celebrarán en San Luis Potosí con motivo de la Semana Santa. De entre todas las actividades, los anuncios hacen especial énfasis en la llamada “Procesión del Silencio”, promocionada por el Gobierno del Estado como si fuera un evento que ellos idearon y que ahora están planeando, dirigiendo y patrocinando. Eso, por supuesto, está muy lejos de la realidad.
¿Por qué se adjudican el evento de esta manera? En los inicios de la presente administración estatal, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona tuvo la puntada de decir que él transformaría esta procesión en la más grande y concurrida del mundo. También prometió que crecería el número de cofradías a través de la participación de grupos escolares. ¿Puede usted creerlo? Con estas intenciones erradas, junto a las declaraciones de la entonces secretaria de Cultura, el gobierno estatal solamente demostró no tener ni la más remota idea del significado de esta tradición y su vocación religiosa. ¡Ya me imagino a las distintas cofradías vestidas con sus trajes en diferentes tonos de verde y con pendones mostrando al periquito característico del ron huasteco Potosí o con esa horrible imagen estilizada de una cabeza de pollo en tono verde obscuro sobre un tono verde más claro!
Por supuesto que esta vieja costumbre no tiene nada que ver con gobiernos ni partidos. Fue fundada en nuestra ciudad en el año de 1954, cuando los sacerdotes carmelitas importaron la tradición más llamativa de la Semana Mayor Sevillana, consistente en un acto devocional en torno a la Virgen de la Soledad y al dolor de Cristo camino al monte Calvario. En sus inicios el evento fue muy modesto y en él participaban apenas unos cuantos fieles, como los Boy Scouts del grupo 5 que habían fundado también los sacerdotes carmelitas. Desde un principio se le sumaron toreros y algunos aficionados a la fiesta brava, lo que no podía ser menos viniendo la tradición desde Andalucía. El evento se arraigó prontamente en la cultura potosina y, con el paso del tiempo, la procesión creció al punto de que hoy en día participan 30 cofradías distintas, junto a personajes del mundo taurino y demás penitentes.
Lamentablemente, como vemos en el caso de la intromisión del gobierno actual, desde hace unos años se unieron a la procesión políticos de diversos partidos. Tal vez piensan que a través de su participación expiarán sus culpas y pecados, aunque lo más seguro sea que no alcancen nunca el perdón que buscan, a pesar de todo lo que recen y desfilen. Con su sola presencia, la política local ha ocasionado que la procesión haya perdido su carácter místico y eso es innegable. La han contaminado a tal punto que han ocasionado problemas irresolubles al interior de su organización. Por ejemplo, son famosas las disputas que ha habido entre miembros del Patronato, así como la llegada de meros oportunistas que sólo buscan salir en las fotografías y en las conferencias de prensa. Pero de entre todas esas rémoras, las más dañinas son las que se han querido apropiar de la tradición para hacer un jugoso negocio en el abuso de la fe de unos y la curiosidad de otros.
La ignorancia entre lo que es y en qué consiste esta peregrinación solamente la ha debilitado. Hoy por hoy, pareciera más bien un escaparate en donde muchos desfilan buscando notoriedad. Por ahí van los toreros sin cartel que buscan ser vistos para volver a la plaza; junto a ellos, los novilleros sin oportunidad que quieren los apunten en alguna corrida; más atrás, las Manolas de por acá que quieren expiar sus pecados carnales caminando con tacones altos por las calles empedradas, cargando velas como si fueran pecados diluidos entre la muchedumbre.
Como si no fuera suficiente, a ellas y ellos se le suman los comerciantes avariciosos que lloran mientras van rezando el Rosario o entonando saetillas, pero que se niegan a ayudar al pobre o a tratar con dignidad a sus empleados. ¿Creerán que de esa manera se les abrirán las puertas del cielo? ¿Pensarán lo mismo todos esos políticos poco escrupulosos, corruptos y ciegos a las verdaderas necesidades de su pueblo, mientras elevan su mirada al cielo? La estampa cada año es más grotesca y es muy difícil ver a los poderosos extender las palmas de sus manos al cielo y respirar profundamente el aire cargado de incienso, mientras vigilan que sus subalternos también marchen al ritmo de los tambores de los centuriones.
De seguir en esta decadencia cultural, ¿qué nos quedará de la Procesión del Silencio? Bien ha perdido su original esencia y se ha convertido en un espectáculo de la banalidad, ¿terminará por ser un activo político, nada más, para la Secretaría de Turismo de los gobiernos en turno?

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

RAMÓN ORTIZ AGUIRRE
Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.