El Alfil Negro
LA CLOACA MÁXIMA

Por Ramón Ortiz Aguirre
“Instar aquae tempus”
(El tiempo es como el agua)
Hace unos días apareció en la calle de Parrodi, en el barrio de San Sebastián, un enorme hundimiento. Las autoridades tardaron en actuar, como siempre, total qué tanto es otro bache si esto ya es lo normal en el San Luis Potosí de los drenajes colapsados. Nuestras calles parecen un paisaje lunar con todos esos cráteres ocasionados por las constantes fallas en las redes de drenaje y de agua potable. El origen de este problema es la negligencia histórica de las autoridades que no han realizado las obras hidráulicas necesarias, seguramente porque no serán visibles para los ciudadanos. Desde su pobre óptica, quizá, trabajar en lo que no da relumbrón tiene poca repercusión política. Nada más lejos de la realidad y, por eso, creo que es importante que conozcan sobre una de las obras hidráulicas más importantes en la historia del saneamiento de las aguas y una ciudad.
Cuando Roma fue gobernada por Tarquino Prisco, existía un grave problema ambiental y de salud pública que ocupaba la atención del rey y le causaba grandes pesadillas. No era para menos, pues la capital del Imperio estaba inundada de inmundicias, ya que las aguas residuales y la basura se encontraban por todos lados, provocando enfermedades y altos índices de mortandad. En aquel entonces, el río Tíber servía como receptáculo de muchas de las inmundicias romanas, incluyendo cadáveres, por lo que era lógico pensar que de ahí provenía el foco de infección.
Tarquino fue, además de afamado guerrero, un hombre autoritario, pero sobre todo es recordado como un gran planificador urbano. A él se debe el primer gran palacio etrusco en una ciudad: para sorpresa de muchos, lo levantó en un sitio donde lo que abundaba eran las cabañas. Lo hizo su residencia y desde ahí, sentado en un trono majestuoso, ataviado con cetro y un yelmo con plumas, dictó las políticas de desarrollo de la que llegó a ser la ciudad más importante del mundo. De entre sus muchos proyectos, destacó la construcción de grandes monumentos y el trazo lógico de la zona urbana, consiguiendo que todo obedeciera a un orden, sin que se diera un crecimiento irregular. Con la ciudad ordenada, Tarquino impulsó la industria, ubicándola en un sitio especial y alejado para evitar molestias a la población.
Cuando tuvo que resolver el problema ambiental que padecía su pueblo, mandó construir un sistema de alcantarillas al que llamó “Cloaca Máxima”. Fue un trabajo de ingeniería más que impresionante para su época, el siglo V a. C., diseñado para hacer fluir las aguas insalubres también en el Tíber, pero fuera de Roma. Para evitar que alguien enfermara por entrar en contacto con las aguas residuales, Tarquino ordenó que bajo ningún concepto se establecieran viviendas fuera de un perímetro perfectamente trazado.


Hubo otras grandes obras de construcción durante la regencia de Tarquino, como el Circo Máximo y el Templo de Júpiter en el Capitolio, además del levantamiento de verdaderas viviendas para sustituir las cabañas, y en todos los casos se procuró que las aguas residuales fueran a dar a los ramales de la Cloaca Máxima, prohibiendo terminantemente que se arrojaran a las calles. Igualmente, se hicieron obras para captar las aguas empantanadas por el propio río y que escurrían hacia la cuenca desde las colinas que rodean a Roma.
La compleja y majestuosa Cloaca Máxima fue diseñada y dirigida en su construcción por un grupo de ingenieros etruscos que ocuparon a una gran cantidad de albañiles y esclavos. Lo que han revelado las investigaciones arqueológicas es que, si bien la mayor parte de la cloaca fue excavada bajo la ciudad, en algunos tramos las aguas corrían por canales superficiales, los que en un determinado punto y en función de la topografía se canalizaban al subsuelo. En un principio, las residencias privadas canalizaban sus aguas a fosas sépticas, pero pasado el tiempo se conectaron a la cloaca. Con el paso de los años, y luego de los siglos, esta red de drenaje fue creciendo y actualizándose. Obviamente, se le dio trabajo de mantenimiento, por lo que distintas exploraciones arqueológicas han encontrado rasgos de diferentes técnicas constructivas y materiales.
El estado original de esta obra regida por la diosa Cloacina se puede ver en la “Maqueta de la Roma arcaica” del Museo de la Civilización Romana. Pero también en las calles: han pasado muchos siglos y transformaciones, y todavía hoy permanece gran parte de la red de drenaje original de la antigua Roma con sus alcantarillas labradas en granito. De hecho, se puede ingresar a la cloaca máxima, ya que sigue en operación y es una muestra clara de la evolución de la hidráulica y de la ingeniería en general. En nuestros tiempos, incluso, se estudia esta red de drenaje empleando la técnica del escaneado láser con apoyo de un arqueorobot que hace mediciones, identifica tipo de gases y toma muestras e imágenes.
El suministro de agua potable y el saneamiento de las ciudades son uno de los requerimientos básicos para el buen vivir de una comunidad. Tarquino lo supo y con su visión, sin duda cooperó a la grandeza de Roma. Hoy en día, no les pedimos a los señores que gobiernan nuestros municipios y el estado que se comporten a la altura de aquel antiguo emperador, pero sí que cuando menos piensen en el futuro de nuestra entidad. Ojalá entiendan que es mucho más importante manejar los recursos hídricos de forma adecuada que andar construyendo arenas de espectáculos y organizando festivales “culturales primaverales” intrascendentes.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

RAMÓN ORTIZ AGUIRRE
Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.