El Alfil Negro
BLANCA NIEVES Y LOS PRESIDENTES

Por Ramón Ortiz Aguirre
«Initium sapientiae, cognitio sui ipsius»
(El comienzo de la sabiduría es el conocimiento de uno mismo)
En 1812, los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm publicaron el primer volumen de sus famosos cuentos de hadas, en donde presentaron una recopilación de relatos orales tradicionales, con la intención de conservar esas historias para que el pueblo las conociera, las apreciara y dieran una enseñanza a los niños de aquella época. Una de esas primeras historias, quizá la más popular, fue la de “Blancanieves”. Tres años después, en 1815, dieron a la imprenta el segundo tomo de los cuentos, entre los que ya encontramos, entre otros, los de “Cenicienta”, “El príncipe rana”, “Hansel y Gretel”, “Rapunzel”, “La bella durmiente”, “La pastora de ocas” y “Rumpelstiltskin”.
La historia de la princesa Blancanieves relata cómo, al final de un invierno, una joven reina paseaba por el jardín del palacio cuando vio una rosa roja floreciendo, a pesar del inclemente clima. Al tocarla se pinchó el dedo con una espina y cayeron sobre la blanca nieve tres gotas de sangre. Deseó entonces una hija blanca como la nieve, con unos labios rojos como la sangre y una cabellera negra como el ébano. Su deseo se cumplió al poco tiempo, cuando nació la princesa, pero la reina murió. Una vez viudo, el rey se casó con una mujer muy bella, pero fría y soberbia. Se trataba de una hechicera malvada que tenía un espejo mágico al que le preguntaba todos los días vanidosa: “Espejito, espejito, dime qué mujer es la más hermosa de este reino”. Sin falta, el espejo le respondía que era ella, sin duda y entre todas, y así fue siempre hasta que un día le contestó que la más bella era la joven Blancanieves. Entonces la reina montó en ira y mandó a asesinarla, pero el cazador que debía de ejecutarla no pudo hacerlo y optó por abandonarla en medio del bosque.
El resto de la historia todos la conocemos muy bien, gracias sobre todo al largometraje de animación adaptado por Walt Disney y estrenado el 21 de diciembre de 1937. Esa película significó una importante revolución en la industria cinematográfica y del entretenimiento en general, teniendo desde entonces múltiples adaptaciones, incluyendo la más reciente que, en estas fechas, a 87 años de distancia de la original, se acaba de estrenar en salas de todo el mundo. Sin embargo, no es está película y su despliegue de efectos especiales o sus muy sonados escándalos lo que me ha hecho pensar en la historia de la joven princesa que despierta de un hechizo de muerte gracias al beso del verdadero amor. Lejos de la anécdota, si hoy recuerdo a Blanca Nieves es por la sombra de su narcisista madrasta que persiste en la egocéntrica actitud del señor Nayib Bukele.
Hace unos días, el presidente de El Salvador preguntó a “Grok”, la inteligencia artificial creada por el vanidoso fascista Elon Musk, quién es el presidente más popular del mundo. Como si fuera el espejo mágico de la bruja malvada, Bukele buscaba en la aplicación “X” (antes “Twitter”), la aprobación a su regencia que quizá no encuentra entre sus connacionales. Solo de pensarla, la imagen me parece patética: el presidente de una nación frotándose las manos frente a su celular, cualquiera que use, preguntándole al Chatbot, “Grok, grok, dime quién es el mejor presidente del mundo”. La respuesta lo devastó sobremanera.
Puede que de entre los presidentes latinoamericanos, Nayib Bukele sea el mejor ante los ojos de Trump y el más querido en las consideraciones de Musk. Pero más allá de ser el carcelero centroamericano de Washington, según el chatbot de inteligencia artificial, la presidenta más popular del mundo es Claudia Sheinbaum. ¿Se deprimirá igualmente el salvadoreño cuando le pregunte al vacío de sus redes sociales quién es el más guapo y resulte que es Chayanne?
Hay que recordar siempre que los cuentos de hadas tienen moralejas no tan ocultas que vale la pena entender para vivir mejor. En el cuento de “Blancanieves”, el castigo de la vanidad, la mentira y el odio que se personifican en la reina madrastra, se castigan con la infamia y la muerte. El narcisismo no deja nada bueno. Por otro lado, ¿es la presidenta Sheinbaum la Blancanieves de este cuento de la política internacional? Si es así, ¿es posible pensar que el expresidente Fox es el enanito Tontín? ¿Calderón es Gruñón? ¿AMLO, Feliz? ¿A usted se le ocurre quiénes pueden ser los otros enanos, Doc, Estornudón y Tímido?


Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

RAMÓN ORTIZ AGUIRRE
Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.